una de chicos tópicos

Y luego está ese tipo de chico. El pobre chaval desea fuertemente que lleves el pelo largo,  que te maquilles, que te vistas mejor y, en general, que seas más femenina; es como sí, de algún modo, tu manera de ser ofendiera o amenazara su masculinidad. Y está bien joder, está genial que a uno le guste lo que le gusta. Sin embargo, el chaval se lo toma como una ofensa personal. No entiende por qué coño no estás dispuesta a hacer esas pequeñas cosas que le facilitarían tanto la vida. Podría desearte sin sentirse culpable, podría hablar de ti con sus amigos, podría salir contigo sin tener que justificarse cada vez que te presenta y, en definitiva, podría tener una relación normal con la chica que le gusta. Y que ¡joder! ya que no estoy dispuesta a ser femenina podría, al menos, haber nacido hombre y ser un colega más que no diera pie a confusiones emocionales, pero ni eso me digno a hacer. Así que el tipo va, vuelve, se decide, se desdice, guarda su distancia, se rasga las vestiduras, se acuesta con la vecina, se tortura y vuelve a empezar. Y sí, está ese tipo de chico; está cerca.

una de competencias básicas

Relacionarme como una persona normal. Caer bien, al  menos a alguien. Ser miembro de un grupo de amigos. Tener esa/e amiga/o a la que se lo puedes contar todo. Conocer a alguien como yo. No tener que hacer esfuerzos sobrehumanos para esconder mi personalidad cuando estoy rodeada de gente. Dejar de sentirme alienada. Y otras tantas cosas imposibles.

una de veranos

No consigo vencer al insomnio y me he sumergido en lo absurdo de manera indecente; miento, en realidad, me he sumergido en lo indecente de manera absurda. El escapismo no se aleja de mí ni un segundo, se ha instalado en mi estómago y tira de él con fuerza.

Extraño a mi isla y a mi posada del fracaso. Todo era más fácil cuando los que habíamos perdido toda esperanza nos reuníamos en ese hostal para rendirnos y ahogarnos en la derrota. Todo quedaba claro y ordenado, sin malentendidos, y yo encajaba, como nunca he vuelto a encajar.

Necesito con urgencia una toma de tierra pero no sé dónde hay que ir a suplicar, y no sé si me ahogo por falta o por sobra de aire.

una de impotencia

A 9210.9 km de casa Scott pasa por el peor momento de su vida. A veinte horas de viaje. A cuatro aeropuertos de distancia. A siete horas de mi presente. Tenernos el uno al otro no le ha servido de nada y siento un agujero del tamaño del universo en el pecho.

una de antaño

Por aquel entonces, nunca compraba una prenda de ropa si pensaba que Kurt Cobain no se la habría puesto. Cerrábamos el bar y nos quedábamos dentro, bailando, mientras el puerto se apagaba.  Durante el descanso, corríamos al acantilado y le gritábamos al mar. Solíamos observar a los clientes, imaginábamos sus diálogos y si alguien nos parecía aburrido, le preguntábamos su color favorito a sabiendas que sería el azul; casi nunca fallábamos.  Cada madrugada, al salir del trabajo, nos echábamos al mar y nos íbamos a la cama; si el calor apretaba, subíamos los colchones al tejado y nos dormíamos viendo como los pescadores salían a faenar. Cuando el calor se hacía insoportable huía al norte, donde siempre había una cabaña de madera esperando, con su cama en una buhardilla y sus vistas al fiordo. Éramos nómadas y nos encantaba. Veníamos tan cargados de pasado que nos aliviaba no tener futuro.

una de coordenadas

El mar está hoy 26 minutos demasiado lejos.  La isla, la del momento, la que tira de mí estos días, a 4.027 kilómetros.  Mi zona de confort quedó por el camino, a unos 3.380 días de viaje. Las ganas no han llamado en décadas, y las ganas de tener ganas en lustros. Desajustadas todas las coordenadas espacio-tiempo. Houston, tenemos muchos problemas.

una de ahora

El escapismo por las nubes. Huir de una casa donde no soy más que un puto alien y todo me es ajeno; huir de una sociedad que me da verdadero asco; huir de un país injusto y plagado de escoria. No recuerdo la última vez que me sentí tan absurdamente desconectada de todo (y todos) lo que me rodea. Es ridículo. Y aquí sigo, con los pies clavados en el suelo, el aire escapando de mi pecho a la que me descuido y problemas serios para distinguir entre ataques de pánico y ataques al corazón.

anx