una laboral

Varias veces al año tengo un trabajo temporal que dura entre cinco y quince días. Es difícil explicar la intensidad que requiere y el efecto que me produce. Digamos que sus efectos secundarios son sorprendentes por su rareza y por la adicción que crean. La cosa que más me alucina es que, de principio a fin, tienes que almacenar tanta información en la cabeza que es literalmente imposible que puedas hacer cualquier cosa no relacionada con el trabajo, por ejemplo: hablas con alguien por teléfono y olvidas al instante de colgar tanto la llamada como el interlocutor; haces la lista de la compra, te vas al supermercado y has olvidado tanto la lista como lo que escribiste en ella; pones agua a hervir mientras adelantas trabajo, te pones el pijama y te acuestas con el agua en el fuego. La otra cosa que me despierta mucha curiosidad es la manera en que el agotamiento mental y físico te destroza en dos días; no exagero, al segundo día te despiertas por la mañana y mientras te estás duchando te das cuenta de que te sientes como si tuvieras 700 años, resaca de whisky barato y a Curri Valenzuela de despertador (resumiendo: que te quieres morir).

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